UN BLOG CON ESPAÑA A CUESTAS

.

lunes, 18 de abril de 2011

Las tres Repúblicas

.
Manuel Azaña, Alejandro Lerroux e Indalecio Prieto
Una vez pasada la escasa fiebre republicana de los últimos días por eso del 14 de abril, quiero yo dejar también, por si a alguien le sigue interesando el asunto, mi reflexión sobre cómo fue posible que se abortara una experiencia tan prometedora para amplios sectores de la población -que no de la mayoría- como lo fue la republicana.

La extraigo de uno de mis trabajos sobre las elecciones de 1936 y para mí tiene la misma vigencia que cuando fue escrita, hace ya algunos años.

LAS TRES REPÚBLICAS

La precaria legitimidad inicial de la Segunda República venía compensada por el fervoroso apoyo que amplias capas del mundo intelectual, muchos de los mejores espíritus liberales del momento, de derechas y de izquierdas, prestaron de forma sincera e ilusionada al proyecto revitalizador y redentor de la vida española, y que por fin podía llevarse a la práctica.

Pero no había un único proyecto republicano sino tres.

Es imprescindible para comprender el desarrollo de los acontecimientos de los años siguientes poner en primer plano algunas cuestiones en relación con el pacto de las fuerzas republicanas previo a la proclamación de la República.

La primera, que el pacto lo era en tanto que las corrientes políticas que lo integraban, lo hacían aceptando sus diferencias ideológicas en el objetivo común de derribar a la Monarquía e implantar el nuevo Régimen republicano. Ello hizo posible que la corriente representada por Niceto Alcalá Zamora y Miguel Maura Gamazo, republicanos, monárquicos hasta el amanecer, conservadores, católicos, y recientes fundadores de la Derecha Liberal Republicana, formara parte del pacto junto a los partidos de la izquierda republicana, y junto a los republicanos más centrados del Partido Radical de Alejandro Lerroux. Y que esta garantía arrastrara confiada tras él a una importante masa del conservadurismo social, descontento con la Monarquía.

La segunda, que los nacionalistas catalanes que participaron en el pacto dejaron claro y aceptado que sí a la República, pero con el reconocimiento expreso por parte de los demás de sus derechos nacionales y el compromiso de la estructuración política de los mismos, y ello con prioridad a la propia República. Respecto de los nacionalistas vascos, quedó determinado también de forma explícita el no darles entrada en el pacto y que los derechos reconocidos a los catalanes no fueran extendidos a los vascos, al ser considerado este nacionalismo derechista y reaccionario. Los nacionalistas catalanes fueron, pues, la excrecencia del proyecto republicano que a corto plazo demostraría que, en efecto, sus prioridades distaban mucho de las del resto de conspiradores.

Y la tercera, que los socialistas como organización política no formaron parte del pacto republicano, habiéndolo hecho algunos de ellos a título personal –Indalecio Prieto Tuero y Fernando de los Ríos Urruti–. Su adhesión al mismo vendría días después, tras analizar sus objetivos e imponer sus condiciones. Como partido marxista y revolucionario, el PSOE no tenía nada que ver con los movimientos burgueses republicanos y sus organizaciones políticas, siendo que las diferentes corrientes internas del partido discrepaban, no en los fines, sino en los métodos a emplear para alcanzarlos. Y, aunque con matices dependiendo del momento político, siempre hubo entre los socialistas tres corrientes que, simplificando, pueden identificarse con el reformismo de Julián Besteiro, el colaboracionismo con otras fuerzas republicanas de Indalecio Prieto, y el radicalismo exclusivamente revolucionario de Francisco Largo Caballero. Dependiendo de la relación de fuerzas dentro del partido, así éste caminaba en una u otra dirección. En el caso de la incorporación al pacto, se impuso la tesis colaboracionista de Indalecio Prieto, y como medida integradora se designó a Largo Caballero como nuevo miembro del Comité revolucionario en representación de los socialistas.

Se superpone pues, a los proyectos burgueses de los republicanos de izquierda y de centro derecha, el proyecto revolucionario de los socialistas. El germen de la inestabilidad del nuevo régimen está sembrado, y la progresiva absorción del segundo proyecto por el primero, y posteriormente de éste por el tercero, marcará indefectiblemente el camino de la Segunda República.

En síntesis, y para allanar esta breve exposición, la parte del camino que lleva a las elecciones de 1936 tiene cinco tramos bien definidos, protagonizados cada uno de ellos por: el Gobierno Provisional, las Cortes Constituyentes, la ruptura del pacto republicano, la sublevación socialista, la derecha en el poder, y el golpe de mano presidencial.

Que disfruten ustedes de unos días de merecido descanso.
.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada