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.Si no me salen mal las cuentas, la condición de hijo/a es la única relación de parentesco de carácter universal. Todo ser humano es hijo de alguien, aunque este alguien sea desconocido por falta de ejercicio o por su condición de donante de óvulos o bichitos en plan anónimo o no. No así las demás relaciones de parentesco, que puede pasar uno tranquilamente por este mundo sin ser madre, tío, abuelo o cuñado de nadie.
Dejando a un lado la relación expuesta, compleja como la que más, y que por otro lado la historia se empeña machaconamente en demostrar que no es precisamente la sangre lo que une exclusivamente, sino también o en su lugar otros múltiples factores, tenemos la relación putativa. O sea la que se establece entre los padres que no lo son físicos con sus hijos que tampoco lo son, dándose el caso muy común de que ésta prevalece sobre la anterior. Y estos padres putativos no siempre son de carne y hueso.
¿Qué pasa cuando un hijo/a tiene dos padres, uno putativo y otro no, o incluso más? Pues aquí la cosa varía en función de afectos, intereses, experiencias, ideologías y ubicación espacio-temporal, por lo menos, y lo que plantea podría expresarse mediante un sistema de ecuaciones bastante complicado, que como ejercicio para sociólogos aventajados en matemáticas no estaría nada mal. Tanto su planteamiento como la búsqueda de soluciones que no terminen, aunque me lo temo, en la contradicción.
¿Dónde quiero ir a parar? Pregunta obvia porque ustedes ya lo saben, que su perspicacia no se me escapa aunque a veces lo parezca. ¿No tienen o han tenido hijos? No viene al caso porque lo son, y de eso todo el mundo entiende. ¿Entonces? Los hijos no se tienen: los hijos son.
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ResponderSuprimirCrono, Urano y los hijos del primero, es decir, asuntos fraterno-filiales, son la génesis de la civilización occidental.
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