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Dice Justo Fernández Torres en su Hispanoteca que tener todavía o seguir con el pelo de la dehesa significa conservar ciertos resabios de rusticidad o tosquedad típicos de un estado anterior. Añade que esta expresión actualmente se usa en sentido figurado para indicar que alguien intenta dar apariencia de muy moderno, pero se le notan ciertos rasgos toscos que revelan su mentalidad retrógrada. Y también que se emplea mucho actualmente para criticar a alguien que se las de progre, pero en el fondo es un carca.
No está mal esta aproximación a una expresión que hace algunos años al basarse en signos externos cargaba su contenido peyorativo injustamente sobre las personas que llevadas por la necesidad de encontrar una vida mejor se desplazaron a las ciudades. Pero hoy las cosas son bien diferentes.
Los que se fueron vuelven una y otra vez y no se distinguen de los que quedaron, que por fuera quien manda es la tele y el corte inglés y por dentro el libro de texto con psicólogo y tutor y al mismo precio.
Hoy calzan la susodicha peluca los unos y los otros, muy cultos ellos que la llevan puesta y no la ven, que la caspa les hace de orejeras. Siempre al rebufo del dador, del dadivador de especies varias en que mágicamente se convierten los votos cuatrienales que maná parecen.
Caciques ellos sin saberlo cambiaron los de verdad por pacotilla y en el fondo de su armario anidan, con la naftalina que haga falta, chaquetas, chaquetillas y pistolas... de agua.
¿Queréis conocerlos? Fácil. Poneos un color distinto al uso, avanzad con intención de saludarlos... ¡y huirán despavoridos!
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Una vuelta por los ascensores
Hace 1 día

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